En un mercado libre, toda transacción económica se realiza sólo si las dos partes están satisfechas con el acuerdo alcanzado. Esto quiere decir que el comprador piensa que está obteniendo un producto que vale igual o más que el dinero que está entregando y el vendedor piensa que el producto vale igual o menos que el dinero que le está siendo entregado.
Esto es obvio, de acuerdo, pero resulta que tiene unas repercusiones impresionantes.
El objetivo principal de una empresa no puede ser ganar dinero, como dicen muchos manuales empresariales. Hemos visto numerosos ejemplos de cómo se gana más dinero y se construye una empresa mucho más sólida si el objetivo de ésta es dar un servicio a la sociedad. La empresa que quiera ganar mucho dinero debe enfocarse, principalmente en tres puntos: producto, clientes y empleados.
¿Ambición o codicia?
El otro día vimos cómo la codicia podía estropear una estupenda ocasión de abrirse paso en un nuevo mercado. Se trataba de otro ejemplo de cómo la codicia estropea empresas y servicios y da menos beneficios económicos.
Sin embargo, la ambición, es algo muy diferente. La codicia es el afán excesivo de riquezas y la ambición es el deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama. La ambición, y no la codicia, es lo que construye nuestra sociedad y nuestro mercado.
El ser humano tiende constantemente a la superación. Tenemos la ambición de hacer algo que creemos importante y para estar satisfechos debemos sentir que esto nos suple nuestras necesidades. Desde las necesidades más básicas como el alimento hasta las más profundas como la autorrealización, pasando por aquellas relacionadas con la seguridad, la afiliación o el reconocimiento. (ver post sobre necesidades)
Así que la empresa es una organización independiente cuyo objetivo es dar un servicio y que a través de hacerlo satisface (si se hacen bien las cosas) la gran mayoría de necesidades de una persona.
¿Dónde pinchan las ONGs?
Resulta que después de haber revisado estos conceptos relacionados con la empresa, vemos que no hay tanta diferencia entre ésta y una ONG. De hecho lo único en lo que se diferencian es en la retribución a la persona. O se trata de un trabajo siempre voluntario o los salarios se encuentran siempre bajo la mirada sospechosa de la sociedad.
Constantemente salen a la luz abusos realizados al amparo de una ONG, y en la mayoría de casos relacionados con el dinero. ¿Por qué? Porque una ONG es una organización antinatural. El ser humano es ambicioso, quiere más. Dejemos de lado ahora, si esto es correcto o no, pero es un hecho.
¿Por qué no utilizar esa ambición para propulsar la acción social en vez de ser obstáculo para ella?
Las empresas pueden ser mucho más eficientes que las ONGs en la acción social.
Lo curioso de esto es que lo hemos visto muchas veces. El caso que más me gusta es el de Muhammad Yunus, economista y banquero de Bangladesh quién creó el famoso concepto de micro créditos. Yunus estaba alarmado por la pobreza que veía en su país y para luchar contra ella empezó a dar créditos de 27 dólares para que las mujeres pudieran comprar caña para hacer taburetes. Este experimento que comenzó con los alumnos de su clase de economía de la universidad de Chittagong acabó convirtiéndose en un banco al que llamaron Grameen Bank.
En el 2006 Yunus recibió el premio Nobel de la Paz y su comité dijo: “Los micro creditos han probado ser una importante fuerza liberadora en sociedades donde las mujeres, en particular, tienen que pelear en contra de condiciones económicas y sociales desfavorables”.
Otra empresa que crea beneficios a la vez que hace de la sociedad un lugar mejor.
Lo que quiero decir con todo esto es que se nos ha impuesto un modelo de ayuda social que es muy perjudicial. Separamos el cocepto de empresa del de ayuda social. Sólo si eres una ONG ayudas a la sociedad, y si eres una empresa, tú objetivo está en ganar dinero y se entiende que esto no está relacionado con hacer de la sociedad un lugar mejor.
Si recuperamos la empresa como organización humana que presta un servicio a la vez que genera unos beneficios, y lo aplicamos a la acción social tendremos un crecimiento interesante en el número de personas que se dedican a la acción social. Esos mismos que hoy no lo hacen porque deben dejar su necesidad de ser correctamente retribuidos de lado.
Liberemos el mercado de la ayuda social.
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