¿Cuantas veces sentimos que no avanzamos? Muchas veces funcionamos bien en equipo pero nos damos cuenta de que no a acabamos de dar el siguiente paso para hacer el cambio real.
Hay muchas teclas que tocar para motivar un cambio, entre ellas están: tomar tú la iniciativa de llevar algo a cabo, promover pensamiento profundo sobre cambios, tener como equipo experiencias muy diferentes a lo cotidiano o a veces un buen descanso nos dará las fuerzas para hacer posible un giro en la forma de trabajar.
Sin embargo todas estas iniciativas tienen un denominador común: cambiar el contexto. Cuando digo contexto me refiero tanto a las mesas, sillas y color de las paredes como a la inicitiva, conversación y forma de pensar del equipo. Si lo sé, entonces hablo de cambiarlo todo. Lo interesante del tema es que un cambio en la forma de funcionar de un equipo puede darse a raiz de un pequeño cambio en algún área específica.
Un ejemplo impresionante sobre esto lo encontramos en uno de mis libros favoritos, The Tipping Point de Malcolm Gladwell. El autor nos cuenta como se luchó en contra del crimen en el metro de Nueva York en los años 80 y 90. Los encargados el metro de la ciudad aplicaron lo que se conoce como la teoría de la ventana rota. Esta teoría dice que si en un edificio hay una ventana rota y no se arregla, este detalle transmite el mensaje de que no se cuida el edificio y de que a nadie le importa si se rompe una ventana o no. Al poco tiempo comenzará a haber nuevas ventanas rotas y el edificio acabará vandalizado.
Para acabar con el crimen en el metro de Nueva York se centraron en la lucha contra los graffitis en los vagones y en evitar que la gente entrase sin pagar. Obviamente los problemas en el metro eran mucho más graves que eso. El objetivo era evitar que se cometieran robos, violaciones o asesinatos y sin embargo el nuevo equipo se centró en las pequeñas cosas, en los detalles. Haciendo esto se transmitió el mensaje de que sí importaba lo que ocurriese en el metro y de que el metro era un lugar que las autoridades querían cuidar. Hoy en día el metro de Nueva York no es un lugar problemático. El gran cambio fue propiciado por unos pequeños cambios.
Esto es aplicable a nuestro equipo de trabajo también. Digamos que necesitamos ser un equipo que tome más la iniciativa, más emprendedor. No podemos pretender que del día a la mañana los miembros del equipo hagan un cambio total, pero sí podemos cambiar nosotros. Si tú quieres cambiar eso, empieza a ponerlo tú en práctica, deja que los demás vean como se te ocurren cosas y las pones en marcha y ¡funcionan! Y deja que ese pequeño cambio en el equipo vaya impregnando a los demás.
Quizás lo que ocurra es que tu equipo no hace las cosas lo mejor que puede y tú quieres que ellos comiencen a ser más excelentes. Fijate en el entorno de trabajo ¿es excelente? A veces con las palabras decimos una cosa y con los hechos transmitimos lo contrario. ¿Como puede un trabajador tratar a un cliente de forma excelente si a este mismo trabajador la empresa no le cuida de forma excelente? Si tu quieres que tu equipo, empresa, ONG, familia o grupo de amigos haga las cosas de forma excelente han de ver que su entorno es también excelente.
Si lo que quieres es que la empresa se involucre en actividades sociales de la zona, sé tú el primero en hacerlo y deja que los demás vean cómo lo disfrutas.
En definitiva, deja hablar al contexto. Acompaña tu mensaje con el mensaje que da el entorno. A veces el contexto son las cosas y en otras ocasiones son conductas. Un pequeño cambio en el contexto hace posible un gran cambio.
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viernes 29 de febrero de 2008
Cómo crear el cambio en el equipo
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