martes 5 de febrero de 2008

¿Objetivo: independencia?

Hay dos formas típicas de relacionarte con los demás: independencia o dependencia. Con dependencia relacionamos siempre algo negativo, se da cuando existe la falta de valerse por uno mismo, cuando necesitas de los demás. Hasta cierto punto es cierto que se trata de algo negativo, pero no siempre es así.

Esta forma de pensar nos convierte en buscadores de independencia. Queremos dejar de depender, queremos vivir valiéndonos de nosotros mismos, no queremos que otros nos den, no queremos deberle nada a nadie. Esto, hasta cierto punto, es algo positivo.

Pero existen otras dos situaciones que son muy comunes aunque no tan conocidas: contradependencia e interdependencia.

La contradependencia es exactamente lo opuesto a ser proactivo. Una persona contradependiente es una persona que reacciona a lo que otra persona hace. Una persona que vive mirando a otros y reaccionando a sus actos. Esto es algo muy común en nuestra sociedad. Se ve en casos de divorcios cuando los cónyuges siguen observando que hace el otro y actuan en consecuencia o en casos tan cotidianos como sentir envidia del coche nuevo del vecino y te quieres comprar uno nuevo tu también. La contradependencia es altamente negativa y te lleva a vivir una vida alejada de tus sueños.

La otra situación, sin embargo, es muy diferente: la interdependencia. Dependiendo de tu situación y del contexto, normalmente la dependencia es un estado del que tendemos a salir. Desde que nacemos somos dependientes, y eso no es malo, pero llega el momento en el que el cuerpo nos pide independencia y eso también es sano.

Aplicando los principios que estamos viendo aquí somos más independientes, dependemos más de nosotros mismos ¿cuál es el próximo paso? ¿podemos seguir mejorando? Sí, se trata de la interdependencia.

La interdependencia es el estado en el que tú, siendo independiente, dejas de serlo por decisión propia. Esto es muy importante. La interdependencia sólo es una opción para aquellos que han alcanzado cierto nivel de independencia, esto es, gente proactiva, con un fin en mente y que sabe administrar su propio tiempo. Ahora que estás en ese punto decides ser parte de una red, de un equipo, te estás haciendo vulnerable, pero a la vez te estás haciendo más fuerte.

El punto clave en este proceso es la decisión de con quién formar equipo. La elección es el plato fuerte, porque a partir de ese momento vas a depender de esa persona.

El caso típico de esto es el matrimonio. Lo ideal es llegar al matrimonio siendo una persona independiente. Sobretodo en cuanto a caracter (proactividad, fin en mente, administración). Pero a partir de oficializar una relación con tu pareja empiezas a depender de él/ella para muchas cosas, para mantener la casa, para vender bienes, para tener hijos, para elegir lugar de vacaciones... ¿era todo más fácil antes? Desde luego. Pero ahora consigues más, y lo disfrutas más.

En el ambito de las empresas tenemos otros muchos matrimonios célebres: Brin y Page (Google), Filo y Yang (Yahoo), Gates y Allen (Microsoft)... ¿cuantas veces habrán pensado que estarían mejor solos? Probablemente muchas, todo habría sido más fácil yendo solos pero no habrían conseguido lo que tienen hoy en día. Por supuesto la interdependencia no es sólo aplicable a parejas.

Nuestro objetivo debe ser perseguir la independencia y una vez obtenida plantearnos la interdependencia: buscar con quién podemos aliarnos para ser mucho más de lo que somos ahora.



Si te interesan los temas de este blog no olvides suscribirte o también puedes recibir los articulos por email.