De todos es sabido que el racismo existe y que probablemente seguirá existiendo. El racismo es algo que quizás mute de color y de aspecto pero sigue en la sociedad. Quizás su objeto sea diferente y cambie, pero sigue ahí.
¿Qué podemos hacer al respecto? Se me ocurren dos opciones. La primera, es la más europea: gastar una millonada y media de dinero que no es tuyo en crear toda una campaña publicitaria que diga que todos somos iguales y que debemos ser buenos unos con otros. Mientras el dinero sea de los demás nunca falta. O a lo mejor algún político sumamente audaz decide construir en una zona de un nivel económico medio-alto un gran edificio donde poner a la gente de nivel más bajo y así "que se junten, a ver si se les pega algo". Ideal, ahora la gente cuyos únicos ahorros eran su piso ven como el precio de este cae como la espuma de una cocacola desventada por la idea de un político con ansías de cambiar el mundo.
Tenemos otra opción: creer en el mercado libre. Tim Harford en su libro La lógica oculta de la vida, hace el siguiente análisis:
Imaginemos un empresario que tiene ante él dos currículos de dos aspirantes a cierto puesto en su empresa, uno de ellos es de color de piel verde y tiene un currículo medio, el otro es de color de piel azul y tiene un currículo brillante. El empresario tiene cierta predilección por aquellos de color verde y piensa que también le ocurre lo mismo a los demás trabajadores y clientes de la empresa. Así que decide, aunque no sea el mejor currículo, contratar al aspirante verde. ¿Qué ocurre con el azul? Sigue buscando trabajo. Al tener un buen currículo, finalmente encontrará trabajo y posiblemente en el mismo sector ya que la gente con cierta preparación suele buscar trabajo en sectores para los cuales está preparados.
Si la escena se da de forma general, aquellas empresas que confien en las habilidades del candidato por encima de su color de piel acabarán teniendo mejor plantilla y, por lo tanto, mejores resultados que aquellos que no lo hagan. Finalmente las empresas tendrán que superar por necesidad esa predilección por el color de la piel, ya que las empresas que no reparan en ello les estarán ganando terreno.
Idílico, ¿verdad? Cierto. La razón de lo idílico de este planteamiento es que los trabajadores que más problemas te van a traer son los que provienen de familias y entornos desestructurados. En España el racismo más extendido es contra la raza gitana. Así que, al generalizar, si tienes un aspirante bueno blanco y un aspirante mejor pero gitano, el empresario va a preferir aquel que le da un sensación de estabilidad frente al que no lo hace. Obviamente esto es injusto y el empresario puede estar equivocándose pero las estadísticas dicen que acertaría. Se trata de la injusticia de los números.
¿Cómo se puede resolver esto? Dando más facilidades para contratar y despedir. El razonamiento anterior es idílico porque contratar en un país como España es algo realmente muy costoso y si te equivocas de persona más te vale esperar a que se vaya porque como le tengas que despedir te va a costar un riñón y parte del otro.
El mercado de recursos humanos en España está sobrecargado de protecciones con la idea de proteger al empleado y, sin embargo, lo que consigue es todo lo contrario. Después nos gastamos millonadas en hacer anuncios que dicen que debemos amarnos y querernos por encima de nuestro color de piel y por otro lado le dejamos clarito al empresario que no puede cometer ni un sólo error al contratar a alguien. ¿Cómo se va a arriesgar?
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jueves 22 de mayo de 2008
Mercado libre vs. racismo
Publicado por
Nacho Marques
a las
9:03
Etiquetas: entrevista de trabajo, etica, libros, mercado, tim harford
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2 comentarios:
Al penalizar enormemente el despido haces que la gente sea muy conservadora cara a contratar a alguien. No sólo cara al racismo que comentas sino también cara a incorporar a alguien más por lo que se prefiere achicharrar a los ya contratados y sólo hasta que el crecimiento está muy consolidad, contratar gente nueva.
Las empresas prefieren contratar a un empleado mediocre que arriesgarse a elegir a un empleado que puede ser muy bueno o muy malo. Ya que si es muy malo supondrá un elevado coste despedirlo. Minimizar el riesgo que lo llaman.
Es triste, pero al poner tanto enfasis en proteger al trabajador al final acabamos ahogando el mercado y por lo tanto ahogando a los trabajadores.
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