Dejame que te lo diga yo: a tu jefe.
Si lo sé, a veces soy un poco crudo. Tú llegas a tu nueva empresa, te dicen los de recursos humanos a que cuartito has de dirigirte, allí te presentas, tu jefe te dice que él es él, y a partir de entonces empieza una historia de amor: a él te debes te guste o no.
¿Cómo lo llevas? Pse. Se aguanta - me podrías decir. El caso es que en la gran mayoría de casos la gente no está contenta con las personas a las que se nos asigna como líderes a seguir. ¿Por qué?
En realidad es sencillo. ¿A quién seguirías tú con los ojos cerrados? ¿Quién es esa persona que permites que influya más en tu vida y cuyo consejo acatarías en la mayoría de casos? No, en serio, piénsalo.
¿Lo tienes?
Ahora piensa por que lo elegiste a él o ella.
¿Estamos?
En la mayoría de casos la respuesta pasa por padres, madres, conyuge, hermanos... y poco más. Y la razón es muy sencilla. Probablemente la gran mayoría habéis pensado que la razón por la cual sigues a alguien es porque esa persona ha demostrado que piensa en ti. Ha demostrado que le importas y que no te va a atropellar en sus decisiones.
Conozco a gente muy válida con grandes proyectos pero no quiero trabajar con ellos porque sé que puedo ser atropellado a la primera de cambio. Sin embargo con aquellos que me han demostrado que les importo podría saltar de un puente con ellos.
¿Hay alguna forma de aplicar esto a la empresa o a cualquier otro tipo de organización humana?
lunes 12 de mayo de 2008
¿A quién sigues?
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