miércoles 11 de marzo de 2009

¿Lees en el metro o en el salón?

Cuando comenzó el arranque de las conexiones de alta velocidad a internet hubo empresas como ONO que apostaron por la fibra óptica. La razón era sencilla: era la única opción imaginable. La fibra óptica había estado siendo manejada desde hacia casi 100 años y la tecnología xDSL no existía o bien era un recien nacido pensado para distribuir video.

La linea telefónica convencional daba unas velocidades de risa comparadas con lo que ofrecía una fibra óptica, el futuro parecía claro: comenzaba la carrera por cablear las ciudades con los hilos luminosos. Y sin embargo ocurrió uno de esos vuelcos tan inesperados con los que nos cruzamos a veces: la tecnología xDSL comenzó a funcionar de maravilla para servir conexiones a internet y de pronto las compañías que ya estaban posicionadas en el sector vieron como su red convencional se convertía de la noche a la mañana en una red telefónica de alta velocidad (había que deshacerse de algunos elementos y hacer pequeños cambios en la red, pero algo mínimo). De repente aquellos, como ONO, que habían comenzado antes la carrera vieron como Telefónica de pronto, sin comerlo ni beberlo, aparecía en la meta.

Cuento esto porque en el sector del libro electrónico puede estar ocurriendo algo muy parecido. Tenemos varias empresas comenzando las primeras la carrera, quieren llegar a la meta antes que nadie. Y de pronto, resulta que aparecen programas como Stanza que le dan a los dispositivos móviles la opción de convertirse automaticamente en lectores de libros electrónicos. Obviamente un dispositivo cuya pantalla tiene luz nunca podrá competir en cierto tipo de lectura con los lectores que utilizan las pantallas que simulan tinta. Pero, ¿es esto verdad para todo tipo de lectura? Cuando leemos un periódico, una guía de viaje o una revista mientras vamos en el metro no tenemos tanta necesidad de una pantalla sin brillo. Es cuando pasamos una hora delante del libro leyendo una novela que la pantalla sin brillo es algo completamente necesario.

En cierto tipo de lecturas a los e-book readers les está pasando como a ONO hace unos años, que su contrincante, de pronto, aparece en la meta.

Lo curioso de todo esto es que ahora me encuentro (a través del blog de Enrique Dans) que Amazon ha lanzado una aplicación para poder leer sus libros en el iPhone o iTouch. ¡Eso si que es verle las orejas al lobo!

Esto nos hace ver otra diferencia entre los contenidos de audio y los contenidos de lectura. Así como las canciones y otro tipo de audio se puede escuchar en un mismo gadget la lectura quizás la tengamos que dividir en lecturas de salón y lecturas de metro. Las primeras son aquellas para las que apartamos tiempo y las disfrutamos, como las novelas para las cuales un lector de e-books es necesario y las segundas son lecturas rápidas, en ocasiones ni siquiera planeadas, como son las de los periódicos, revistas o, si estás viajando, guías de viaje, donde no vas a pasarte mucho tiempo leyendo y es más importante la facilidad de llevar el soporte de lectura que la comodidad de tus ojos al leer.

Los fabricantes de lectores de libros electrónicos no pueden cometer el mismo error que cometieron algunas compañías de telecomunicaciones al pensar que ellos tenían la única llave que abría la puerta al nuevo mundo.

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