¿Qué pasaría si en tu entorno de trabajo las conversaciones fueran emocionantes, ágiles e intelectualmente estimulantes? ¿Qué pasaría si tus compañeros de equipo fueran todos inteligentes y centrados? ¿Qué pasaría si todos estuvieraís enfocados en solucionar los problemas rapidamente y con los pies en la tierra? En serio... ¿qué pasaría?
A todos nos gustaría experimentar y vivir un entorno como este. Ya sea en la oficina, en la familia, en una ONG, o bebiendo cervezas con los amigos. Nos gustaría ver estos rasgos en cualquier organización humana.
¿Cómo podemos conseguir esto? Una forma muy práctica es a través de preguntas que activen un dialogo estimulante. No importa si tu eres el responsable del equipo o no, siempre puedes hacer preguntas cuando estás con tus compañeros, ¿no?
El tipo de preguntas que nos viene a la cabeza inicialmente es algo así como: ¿podremos resolver este problema?, ¿crees que podremos entrar en el nuevo proyecto?, ¿crees que ganaréis el partido?... todo esto son, lo que llamamos, preguntas cerradas, pues piden una respuesta corta y concreta: sí, no, probablemente, es posible.
Otras preguntas son, lo que se dice, preguntas abiertas: ¿qué podemos hacer para resolver el problema?, ¿qué debemos tener para entrar en el nuevo proyecto?, ¿qué podemos intentar para ganar el próximo partido?... la respuesta es más larga y más individualizada.
Obviamente las preguntas abiertas incitan más a un diálogo constructivo que las cerradas, sin embargo aún podemos encontrar otro tipo de preguntas, aquellas que inciten a un diálogo excelente. La deficiencia de los dos tipos de preguntas anteriores es que no te han hecho soñar como lo ha hecho el primer parrafo de este artículo ¿me equivoco?
¿Qué pasaría si resolviésemos rápidamente este problema? ¿qué pasaría si entrásemos en el nuevo proyecto? ¿que pasaría si ganásemos la mayoría de partidos?... Con este tipo de preguntas entramos en una nueva dimensión, son preguntas provocativas, no están dirigidas directamente a encontrar una solución práctica sino a provocar una idea, comenzar un diálogo basado en alcanzar una idea habiendo visualizado qué ocurriría si se consigue el objetivo. En otras palabras, son preguntas que te llevan a verte en el éxito para después poder hablar sobre cómo llegar allí.
¿Qué pasaría si te nombrasen para ese puesto que tanto deseas?¿Qué pasaría si las relaciones en tu equipo de trabajo fueran excelentes? ¿Qué pasaría si tu hijo te dijera que eres su modelo a seguir? ¿Qué pasaría si tu matrimonio fuera excelente? ¿Qué pasaría si consiguieras superar esa adicción?
Otro tipo de preguntas también muy estimulantes son las evocativas, son aquellas que atraen a los participantes y les ayudan a recordar cosas. ¿Qué tarea te hace sentirte más comprometido y satisfecho?¿En que rol sentiste que encajabas mejor? ¿Qué fue lo que te hizo sentirte que sí sabías lo que hacías?¿Qué época del matrimonio ha sido la mejor?
Se trata de preguntas que evocan una experiencia pasada altamente positiva, no pregunta cuales fueron las mejores sino cual fue la mejor, ayudan al que escucha a recordar situaciones que les gustaría volver a vivir.
A partir de estas preguntas el diálogo se ha vuelto más emocionante, lo que va saliendo aporta al grupo y lo motiva. El ambiente es diferente y vamos averiguando a donde queremos llegar.
Para seguir indagando podemos preguntar: ¿Qué tiene que ocurrir para llegar a nuestro objetivo? y ¿cuánto de esto está en nuestras manos? Y de esta forma empezamos a entrar en terreno más práctico pero partimos de una buena situación ya que juntos hemos visualizado el objetivo cumplido.
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miércoles 27 de febrero de 2008
¿Qué pasaría?
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Nacho Marques
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miércoles 6 de febrero de 2008
Sobresalir, ¿vale la pena?
Hoy me han sorprendido nuestros amigos de freelanceswitch.com, el artículo de hoy lo titulan "Porque ser un profesional autónomo medio puede ser suficiente" ("Why being an 'average' freelancer might just be enough").
El tema del artículo es estupendo y el punto de vista es muy interesante. Lo que viene a decir es que siempre estamos intentando ser mejores, y de hecho, los mejores. Intentamos sobresalir, intentamos que la cosas nos vayan mejor que a los demás, ya sea en el trabajo como autónomos, en la casa, en la universidad o en la oficina. El artículo hace una simple observación: la mayoría de gente no logra nada excepcional y concluye que para no frustrarte tu mismo no apuntes a lograr nada excepcional si con lo que tienes ya estás bien.
En definitiva nos dice que quizás haya que conformarse con menos de lo que deseabas en un principio y que te vayas haciendo a la idea.
En realidad tienen algo de razón. Es cierto que no vamos a ser todos excepcionales y que, probablemente, no nos toque a ninguno de nosotros, pero el artículo también dice que te centres en ser diferente y sobresalir en aquello que puedas y no en aquello que no puedas pero que te gustaría.
Me parece que es un jarro de agua fria a muchos de los que nos encanta todo el tema de motivación y coaching y "ser más de lo que eres" y "elige ser quién eres" y toda esa parafernalia, sin embargo creo que están en lo cierto. Debes elegir cuidadosamente donde quieres sobresalir y trabajar en esa dirección y no elegir en función de lo que la sociedad te dice.
Para muchos su sueño es tener un hogar en orden, un trabajo suficientemente remunerado como para no tener que sufrir cada mes y distrutar de la vida. No hace falta intentar ser rockefeller.
En definitiva: sé proactivo, elige un fin y tenlo en mente y administra bien tu tiempo.
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lunes 4 de febrero de 2008
Primero lo primero
En últimos posts hemos hablado sobre la importancia de ser una persona proactiva que toma la iniciativa de lo que ocurre con su vida y que controla como reacciona a situaciones externas. También hemos visto cómo actuar con un fin en mente desde el comienzo nos da la libertad de actuar en base a principios y así asegurarnos que nuestras acciones están encaminadas en la dirección elegida por nosotros.
Hoy quiero hablar de la importancia de saber administrarnos. Hay que tener mucho cuidado con esto. La administración viene siempre después de nuestro cambio de actitud (proactividad) y de nuestro elección de principios; es fácil comenzar a administrarnos sin tener estos principios aplicados antes y en ese caso acabamos, simplemente, administrando nuestras reacciones a situaciones externas y no estaremos caminando hacía el destino que nosotros desearíamos.
Seguimos comentando el libro de los 7 hábitos de la gente altamente efectiva y ahora entramos de lleno en el tercer hábito: Primero lo primero.
Por lo general el día tiene 24 horas, por lo general también tenemos que dedicarle cierto tiempo a dormir y a comer. Pero ¿qué hacemos con el resto del tiempo? ¿Quién dispone de ese tiempo? ¿Nosotros o otros? No importa si tu situación es la de un estudiante de instituto, universidad o doctorado; o si eres un alto ejecutivo, un vendedor de coches, un ama de casa o un deportista... todos tenemos metas y sueños que queremos conseguir y sin embargo pasa el día y no hemos dedicado nada de tiempo a su consecución.
¿Qué falla? Falla que vivimos apagando fuegos. Vivimos reaccionando a las situaciones externas. ¿Verdad que siempre hay cosas urgentes que hacer? Ya sea en la casa o en el trabajo oimos cosas como "no paro", "voy de aquí para allá"... pero ¿quién o qué nos lleva de aquí para allá?
Teniendo en cuenta dos factores sobre cada tarea (importancia y urgencia) llegamos a dividir el tipo de tareas de la siguiente forma: (creo que el primero en proponer esto fue Peter Drucker)
Lo que ocurre en la mayoría de casos es que cuando acabamos el día o la semana y miramos hacía atrás vemos que no estamos satisfechos porque no hemos hecho nada de aquello que realmente queremos llevar a cabo. Estamos funcionando en los cuadrantes I y III. Lo urgente nos come. Lo urgente es todo aquello que hay que hacer ahora, sin importar lo importante que sea o no. Por ejemplo, entregar hoy un proyecto a la administración porque si no lo hacemos queda fuera de plazo es urgente y hay que hacerlo. El teléfono sonando es algo urgente también ya que hay que cogerlo ahora. Llevar a cabo tareas urgentes y acabarlas nos da una sensación de haber hecho algo útil pero es una sensación pasajera. Ya que estas cosas no tienen porque haber sido importantes en la consecución de objetivos a largo plazo.
En los ejemplos anteriores (el proyecto y el teléfono) la diferencia radica en la importancia. El proyecto era algo urgente e importante, había que hacerlo puesto que si no lo haciamos las consecuencias eras graves; sin embargo, coger el teléfono es algo urgente pero no importante ya que las consecuencias de no cogerlo en ese momento no son importantes, podemos tomar nota del número desde el que se está efectuando la llamada y llamar de vuelta cuando tengamos el tiempo.
Como deciamos antes, el día tiene 24 horas. Es imposible llevar a cabo todo lo que pasa por delante de nuestras narices. Tenemos que decidir que hacer. Una vez hemos decidido tener una actitud proactiva, debemos decidir cuales son nuestros principios y metas y entonces administrar nuestro tiempo. Todo lo que no es importante puede, directamente, dejar de ser hecho. Aquello urgente e importante debe ser hecho cuanto antes y a partir de ahí empezar a funcionar en el cuadrante II. Donde se hace todo lo importate antes de que sea urgente. Se preveé lo que viene y se ejecuta todo aquello necesario antes de que se nos coman.
Ganaremos en calidad de vida y llevaremos a cabo las cosas que realmente queremos hacer.
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viernes 1 de febrero de 2008
¿Hacia donde te diriges?
Hace unos dos años un amigo me decia con total sinceridad que él era una persona honrada y que aunque ahora iba a dejar España pronto volvería a acabar cierta tarea que, según él, dejaba a medias. Aproximadamente un año después cumplió su palabra y volvió para terminar lo que él pensaba que había dejado a medias. Hoy ha sido despedido de su trabajo y pesan sobre el acusaciones relacionadas con el abuso, el robo y el chantaje.
¿Cómo ha podido una persona convencida de ser completamente honesta y serlo hasta entonces caer en una espiral de un comportamiento tan dañino para él, su familia y su entorno?
No sabía hacia donde iba.
S.R.Covey nos habla en su libro "Los 7 hábitos de la gente altamente eficiente" de la importancia de saber hacia donde vamos. Lo primero que vimos fue la importancia de ser una persona proactiva, esto es, actuar en base a tus propias decisiones y no como reacción a las decisiones de otros. El quid de la cuestión radica en que para actuar de forma proactiva basado en tus propias decisiones has de tener una base sobre la cual tomar esas decisiones.
Lo que le ha ocurrido a mi amigo en este último año ha sido que ha tenido mucha presión por parte de su familia que le amenazaba con abandonarle y volver a su país sino realizaba sus deseos. Mi amigo tomaba decisiones en función de una base cambiante a lo largo del tiempo. Al principio todo era fácil y podía tomar las decisiones correctas pero cuando las cosas comenzaron a torcerse su base fue cambiando para adaptarse y acabó violando los principios que antes seguia.
Tener una base de principios sólida y cumplirla te hace ser una persona honesta a los ojos de los demás y les das la seguridad de que pueden contar contigo y que no vas a cambiar tu forma de pensar de un día para otro.
¿Cómo desarrollo mi base de principios?
Es sencillo y a la vez algo muy profundo, imagínate de aquí a 20 años. ¿Cómo quieres ser? ¿Dónde quieres estar? ¿Y cuando mueras? ¿Qué te gustaría que otros recordasen de ti?
En función de qué te gustaría que otros recuerden de ti estableces la base de principios sobre la cual regirás tus acciones.
Esto varía también dependiendo de los diferentes roles en nuestra vida. No tendremos las mismas metas como padre y marido (madre y mujer) que cómo profesional o cómo jugador de tenis. En unos casos soñaremos con cierto tipo de hogar familiar, en otros con cierta posición profesional y en otros con retos deportivos.
Para crear nuestra base de principios sobre la cual guiarnos a la hora de tomar decisiones de forma proactiva debemos, primero, saber a donde vamos.
Es una pena cómo la mayoría de la gente toma decisiones no en base a unos principios sino en base a cierto centro de atención que ellos han decidido tener consciente o inconscientemente: qué dirán sus amigos, qué dirán sus enemigos, qué hará su jefe... tener una base creada a partir de qué queremos hacer con nuestras vidas nos ayuda a tomar las decisiones más correctas evitando que las emociones tomen control de nuestras vidas.
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jueves 31 de enero de 2008
El líder samurái.
Acabo de leerme el libro de Bill Diffenderffer titulado "El líder samurái".
La experiencia del autor ya hace al libro atrayente. Se trata de una persona que ha sido asesor de empresas como IBM, y director general de empresas en el sector de los viajes.
El libro aborda la cuestión de cómo ser un buen líder en el mundo de los negocios hoy en día. Para el autor la respuesta se encuentra en la sabiduría samurái. De esta forma llega a la conclusión de que un buen líder ha de contar con las cualidades de honor, coraje, integridad, lealtad, compasión, honestidad, amabilidad y autocontrol. Hacía el final del libro nos explica como actuar, pensar y tener una correcta disciplina mental.
He encontrado el libro ameno y rápido de leer. Contiene muchas historias que él ha vivido de las cuales saca ejemplos sobre cómo aplicar los principios samuráis. Sin embargo, me parece que se trata de vestir a la misma novia con diferente traje. Llega a la misma conclusión que muchos otros autores de que la honestidad y los demás valores arriba nombrados son importantes para ser un buen líder, pero utilizando otro camino. Y a este libro le falta entrar más en principios prácticos e ideas de como implementar lo que te propone y le sobra bastante filsofía zen de la que hace alarde constantemente.
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miércoles 30 de enero de 2008
¿Se te estruja la agenda?
Constantemente en el trabajo surgen situaciones en las que nuestra agenda, y por ende, nosotros, somos estrujados. Es practicamente la última hora del día y te cae una tarea que va a hacer que te quedes hasta las mil y con suerte el jefe no te mirará mal.
Según S.R.Covey hay 7 hábitos que pueden mejorar especialmente la eficiencia de una persona en su trabajo en particular y en su vida en general. Según su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, hay tres hábitos que nos harán ser personas mucho más independientes de las circunstancias que nos rodean, los otros tres hábitos nos harán ser personas que saben relacionarse mucho mejor con nuestro entorno y sacarle a éste el mejor partido. El séptimo hábito trata sobre como ir afinando estos nuevos conceptos.
El primer hábito que Covey menciona es la proactividad. Hay dos formas de comportarse frente a las circunstancias de la vida y el trabajo. Podemos ser reactivos, esto es, reaccionar al más puro estilo del perro de Pavlov lo cual quiere decir que reaccionamos de forma común a las circunstancias que nos rodean: si nos insultan nos duele, si nos alaban nos alegra, si nos dan una mala noticia nos entristecemos, si se nos estropean los planes nos enfadamos... lo cual es lo más normal del mundo. O podemos reaccionar de forma proactiva y decidir cómo vamos a reaccionar frente a las circunstancias. Una persona proactiva sabe qué puede y qué no puede cambiar. No puedes cambiar las circunstancias pero sí puedes cambiar cómo reaccionas a ellas.
Aplicar este concepto de proactividad nos hará la vida más fácil pero no aligerará nuestra agenda. La proactividad tiene otra vertiente, muy interesante, y se puede resumir como el verselas venir. Esto es no funcionar en el trabajo reaccionando a las circunstancias sino intentar adelantarse a ellas.
Recuerdo cuando yo trabajaba en la universidad y de vez en cuando llegaba nuestro jefe con algo muy urgente que había que tener hecho para el momento, realmente, durante un tiempo esa fue la forma más normal de trabajo: siempre urgente. Esto no solo me rompia la agenda, sino que me estropeaba a nivel emocional también.
¿Se podía evitar? Algo sí, aquí es donde entra la proactividad. Después de un tiempo trabajando allí, podías identificar cuales eran los momentos calientes del año y de dónde provenían las tareas urgentes. Observando esto eras capaz de imaginarte cuando llegaría algo urgente y manteniendo contacto con la fuente de la urgencia podías enterarte de esos trabajos antes de que fuera demasiado tarde.
La persona proactiva se adelanta a las circunstancias, no solamente reacciona a ellas. Intenta ponerse en el lugar de su jefe y de sus compañeros y ver más allá del hoy para estar preparado para lo que viene. Un típico caso sería el de un ingeniero encargado de desarrollar un producto con detalle para los nuevos clientes. Este ingeniero puede detectar que va a entrar un nuevo trabajo en el momento en el que su compañero encargado de la captación de los nuevos clientes comienza a entablar un contacto regular con un posible nuevo cliente. El ingeniero de desarrollo de producto ya puede comenzar a hacer un hueco en su agenda preveyendo esto. De esta forma se adelanta a las consecuencias y controla él su agenda.
En definitiva, un personan proactiva es aquel que se adelanta a los acontecimientos. A través de la observación y experiencia previa intenta saber cual es el siguiente paso y de esta forma evitar que en lo que a él le afecta le acabe estrujando la agenda.
Planeando los imprevistos
Siempre hay imprevistos que nos van a llevar locos y harán que acabemos de nuevo en la oficina hasta horas intempestivas. ¿Se puede evitar esto? Desde luego en muchos casos no, pero si cada semana mantienes un tiempo libre para imprevistos, cuando estos no surgan tendrás tiempo libre y cuando surgan tendrás un colchón en tu agenda que te permitirá evitar esa instrusión en tu agenda o por lo menos minimizar su efecto.
A día de hoy cada miercoles tengo la mañana libre. No está planeada. Sin embargo no ha habido practicamente ningún miércoles en el que me haya quedado sin nada que hacer ya que ya se que en mi trabajo salen proyectos que tengo que resolver en pocos días, esos los acabo haciendo los miércoles y mi agenda familiar sigue intacta.
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lunes 28 de enero de 2008
Fidelidad ¿vale para algo?
"Nacho, a veces pienso que no me conviene contratar a nadie de menos de 40 años. Contratas a un chico de 30 años, le formas, inviertes en él y cuando ya está preparado para funcionar se van con otra empresa"- esto me decia un buen amigo y empresario ayer por teléfono.
Constantemente en este blog hablamos de lo importante que es para las empresas cuidar de sus empleados y recordar, que una empresa sobretodo, es una organización humana y que al actuar con esto en mente mejoras el funcionamiento de la empresa, sus bases y sus beneficios.
Sin embargo hay otro factor muy importante y es el del empleado hacia la empresa. Las estadísticas dicen que hoy en día se tienen más de 9 empleos diferentes entre los 18 y los 36 años. Estamos acostumbrados a ver a las empresas como esas organizaciones impersonales que nos pagan para que hagamos algo. Sin embargo esto se está convirtiendo en un problema para muchos empresarios que buscan gente que no tenga intención de irse en cuanto pueda.
Todo profesional tiene derecho a cambiar de trabajo, a mejorar. Y, es cierto, que las mejoras economicas más rápidas vienen de la mano de un cambio de empleo. Sin embargo, las promociones dentro de una misma empresa son mucho más costosas. Es por esto que todo aquel que quiera mejorar y no desarrolle fidelidad en una empresa va a optar por el cambio de empleo en vez de tratar de invertir sus esfuerzos en la empresa en la que se encuentra.
De la misma manera un CV lleno de cambios de trabajo no es algo muy atrayente a una empresa que se plantee contratarte. Si estás en una empresa y no te gusta tu puesto de trabajo intenta centrarte en un proyecto en concreto, acabalo, cumple tu parte y entonces es un buen momento para cambiar de empleo. A la hora de explicar en tus entrevistas por qué cambiaste de empleo es mucho más positivo decir que no estabas a gusto con tu puesto de trabajo pero que te quedaste hasta acabar el proyecto que habías empezado. Tu anterior empresa te lo agradecerá y a tú nueva empresa le atraerás.
La fidelidad, ¿vale para algo? Ayuda a la empresa que te está contratando, te da un mejor CV, aprendes a hacer cosas aunque no te gusten, les das menos problemas a los empresarios y eso repercute en que contraten con menos miramientos... la fidelidad vale para mucho.
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Nacho Marques
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